Historia de los Mudéjares

“...los mudéjares de Ontinyent pasaron a establecerse en la morería, la cual según Fullana se extendía por las calles más o menos próximas a la plaza de Baix: Morales, Rosas, El Clot, etc. Y para facilitar el tránsito entre esta alhama y el recinto de la villa, los jurados solicitaron autorización a Jaime II para abrir un nuevo portal al comienzo de la actual calle de la Trinidad, muy próximo a la llamada “torre dels banys”, suavizando las molestias que aquel aislamiento representaba para el vecindario.”

Con estas palabras del Cronista Oficial de Ontinyent, y uno de los fundadores de la comparsa Mudéjares, Alfredo Bernabeu Galbis, nos introducimos en un breve y selectivo paseo por los 25 años de historia de esta joven comparsa del bando moro. Con anterioridad ya se ha abordado la misma por parte de algunos de sus componentes, siendo publicada al menos en los programas de fiestas de 1990 y 1996, así como en publicaciones internas (especialmente la revista de la Capitanía 1996). Pese a ello repetiremos algunos datos por considerarlos de interés para la pequeña historia festera de Ontinyent.

Como tantas otras de las que desfilan en nuestras fiestas, la Comparsa Mudéjares surgió de la unión de dos grupos desgajados de otras tantas comparsas: los Omeyas y los Kábilas. A los Omeyas pertenecían José Terol, José Revert, Rafael Sanchis, Ricardo Martínez, Rafael Masiá y Pepe Donat; de los Kábilas provenían Vicente Bernabéu, Alfredo Bernabeu, Antonio Lacueva y Tomás Valls. Todos ellos, junto con el arquero Vicente Soriano se pusieron a la formación de la comparsa, y muy pronto habían reclutado a gente tan diversa como Juan Santa Pau, Agustín Martín, Paco Martínez, Juan Lliso, Luis Lledó, Juan Moya, Vicente Luis Montés, Joaquín Mora, Jose M. Climent, Fernando Cambra, Manolo Reina, Jose Luis Espina, Vicente Belda, Paco Sanchis, e incluso al Plebán de Santa María Don Blas Asensió. Muy pronto se unieron a los anteriores Gonzalo Mora y Pepe Belda, al margen de un nutrido grupo de niños y jóvenes muchos de los cuales forman hoy el grueso de la comparsa. El once de febrero de 1975 se solicitó formalmente a la Sociedad de Festeros la inscripción de la nueva comparsa, y fue aprobada en Junta de Gobierno de 24 de marzo de 1975 por 19 votos a favor, 10 en contra y 2 en blanco. Muchos de los nombres que firmaron la solicitud lo hicieron de modo testimonial, aunque la mayoría nunca llegó a ser componente.

En el Bar Autograma tuvo lugar la presentación de la nueva comparsa, y ya allí se apuntaron las maneras que regirían a partir de entonces: jarana, alegría y fiesta a raudales. Parece que hubo que hacer alguna modificación al primer traje presentado, pero se aceptó finalmente el que hoy todavía vestimos, diseño del Mudéjar ya fallecido Fernando Cambra. Se inspiró en el traje de un Capitán Moro de Alcoy, y aunque fue discutido hoy en día es de los que mejor resisten el paso del tiempo y su elegancia es alabada por moros y cristianos. Es un sayal o chilaba de sarga-gabardina color hueso. Una capa de tergal tejido a la plana y color verde con un dibujo árabe mudéjar en la capucha, ancha, que cae sobre la espalda, gorro en forma de turbante tergal y seda, y colgando un velo negro de gasa. Por aquel entonces todas las comparsas debían tener en su uniformidad un arma, cosa que la poco aguerrida nueva comparsa no contemplaba. Hubo que hacer un viaje de urgencia a Toledo, donde se eligió una pequeña daga curva inofensiva y que aún conservan muchos de los veteranos (que no todos son mayores, hay muchos de los llamados jóvenes) aunque ya no forme parte del traje oficial. Como traje de diario se adoptó la chilaba de satén, con tejido de tergal-algodón y a rayas marrón y crudo. De calzado, babuchas apuntadas en verde vivo y con filigranas para el traje de gala, y marrones lisas para el de diario; éste último se remata con fez color naranja y bolsa de piel.

Los primeros años de la comparsa se caracterizaron por formar una única peña organizadamente desorganizada (una anarquía moderada), y una gran alegría en los dispendios: grandes cenas, grandes saraos y al final a partir gastos. Pero esta forma de funcionar la permitía el poco número de componentes: 3 escuadras de mayores (escasas, a veces 2) y unos cuantos jóvenes. Fueron los años de los Viajes a lo desconocido (memorable aquel que se inició en Jarafuel, junto a la central de Cofrentes, y acabó en las fiestas de Adzaneta) y las Galas Mudéjares, celebradas generalmente en la “Pujà” del Cristo o el último día de la Semana Grande, en las cuales había premios para todos. De estas galas proceden los periódicos que se confeccionaban con noticias internas y que imitaban el formato del Times, Le Monde y otros periódicos de fama mundial. Hay que tener en cuenta que más de la mitad de la redacción estable de los periódicos “Ciudad de Onteniente” y “Onclar” eran mudéjares (en concreto Antonio Lacueva, Ricardo García Sáez y Alfredo Bernabeu Galbis). De esta vena culturalista surgió la visita a París con escala en el cementerio para visitar la tumba del músico Gomis. Eran años de abundancia.

Pero muy pronto hubo que empezar a hacer números de otra manera. La proximidad de los cargos hizo replantearse las finanzas y con ello vino una cuota estable y extensiva a mayores y jóvenes. De resultas de ellas un gran grupo de estos últimos abandonó la comparsa en espera de tiempos mejores, ya que su condición de estudiantes les impedía hacer frente a la, hasta entonces, desconocida cuota. Unos cuantos regresaron años más tarde, los más ingresaron en otras comparsas, pero hasta hoy arrastran su nostalgia por los años pasados en los mudéjares.

La primera vez que ostentamos los cargos de Embajador y Abanderado lo hicimos en las personas de Jose Manuel Climent Catalá y Juanjo Colomer Soriano. Eran años, 1982, en los que los boatos de estos cargos aún no se habían puesto al nivel de hoy en día, pero aún y así se contó con un presupuesto modesto que permitió un desfile digno, aunque sin grandes alardes. Destacó el parlamento, alabado por todos, del embajador moro José Manuel Climent, ya fallecido, que recitó las embajadas con gran sentimiento.

A los dos años, 1984, tuvimos la primera capitanía. Tuvo el honor de ser nuestro primer capitán el mudéjar Vicente Soriano Cambra, que este año nos ha dejado para formar junto a los que nos preceden en el paso a la otra vida. Para que la memoria no nos traicione recurriremos al Cronista de Fiestas que describía así aquella capitanía:
“La capitanía Mudéjar rayó a gran altura. Tuvo desde el principio al fin cohesión y unidad artística, contando con un gran número de detalles: caballos, palanquines, palios, carrozas... Vicente Soriano –capitán moro- montando un brioso corcel tuvo como favorita a su propia hija y como escolta a sus tres hijos varones. Sería la escuadra de gala quien cerraría este magno desfile que contó con una escuadra especial o de “negres” de gran efecto y brillantez”.

Es cierto que hubo cierto desasistimiento a los boatos diseñados por Solbes y por Fernando Cambra, cosa normal en el primer cargo importante de una comparsa nueva, pero ha quedado en el recuerdo la gallardía del capitán y los detalles de los más jóvenes, que formaron una piña prestando su colaboración.

De estos años, la empresa más importante que se emprendió fue la del local (1985), que hoy nos parece a todos algo habitual, pero que supuso un gran esfuerzo y una mejora sustancial. Para sufragar los importantes gastos se recurrió a un sistema de bonos, que fueron adquiridos por parte de los componentes y que permitieron la inversión. De entre los mudéjares que contribuyeron generosamente destaca José Terol, presidente por aquellos años de la comparsa. Diez años después, aquella deuda histórica estaba afortunadamente saldada gracias a la gestión de las sucesivas juntas y especialmente la presidida por Francisco Martínez y en la que actuaba como vicepresidente y Tesorero Juan Lliso, y todos los Mudéjares éramos por igual copropietarios de nuestro local de la calle Pío XII.

En 1990 nos correspondió otra vez los cargos de Embajador y Abanderado, en las personas de Jose Manuel Revert Sanchis y Alberto Valls Beneyto. Sin ser un boato redondo, pues hubo problemas con algunos artilugios de las carrozas, sí que será recordado siempre por la bailarina oriental (rubensiana y desinhibida) y por el desenfado y la alegría de los jóvenes cargos, que cumplieron con su tarea sobradamente.

En 1996 hemos tenido el último cargo de momento, la capitanía. Manuel Reina Ferri fue un excelente capitán que hizo que la comparsa, que trabajó al unísono y de manera brillante, rayara en lo más alto. Tenemos a gala que, tras la capitanía, los Mudéjares estamos más unidos que nunca y sin escisiones provocadas por la tensión de ese año. Gran parte de esa capitanía quedó plasmada en la Revista que se publicó por tal evento.

Actualmente la comparsa está estructurada en peñas, ya que su número (que supera con creces el centenar) hace inviable otras formas de organización más tradicionales (“tots a una”), pero es una manera de hacer aceptada por la inmensa mayoría y con colaboración en las responsabilidades; sus nombres: Mohamed, Alardo, Fundaors, Borrachins, Otilio, Milk, El colze, Perill, Sense nom, Ali Ben Buffat, i Mohamed Primero. A este sistema se ha llegado gracias a la tradición de Juntas de Comparsa abiertas y tolerantes. Sus sucesivos presidentes, de Junta y de Comparsa, han sido: Antonio Lacueva (1975), José Donat (1980), José Terol (1983), Paco Martínez (1988), Manolo Sanz (1991), Javier Ruiz (1994), y Ricardo Gil (1998).

Los Mudéjares, entre los que siempre han abundado los hombres de leyes, han tenido hasta la fecha dos estatutos. El primero, que fue editado por la comparsa, es de 1977. El segundo, fruto de la labor de una comisión plural de “manares” y jóvenes, data de los ochenta, a mediados, y es el vigente actualmente.

En cuanto a la representación institucional festera, en nuestra comparsa, al margen de los citados cargos, han sido Primers Trons los siguientes festeros: Vicente Bernabeu Belda (1975), Ricardo Martínez Gandía, (1976), José Terol Penadés (1977), Jose Donat Donat (1978), Vicente Soriano Cambra (1979), Francisco Martínez González (1980), José Revert Ferre (1981), Tomás Valls Guillem (1982), Jose Luis Espina Cueto (1983), Rafael Sanchis Seguí (1984), Rafael Masiá Vila (1985), Gonzalo Mora Morán (1986), Jose Belda Pla (1987), Gonzalo Mollá Mollá (1988), Antonio Lacueva Olcina (1989), Jose Manuel Climent Catalá (1990), Francisco Javier Ruiz Pérez (1991), Juan Luis Belda Ferrer (1992), Francisco Sanz Tortosa (1993), Juan J. Colomer Soriano (1994), Jose J. Pastor Sanz (1995), Gabriel Vidal Morant (1996), Tomás Santamaría Oviedo (1997), Germán Vidal Giner (1998) y Angel Guarner Cambra (1999).

Un futuro Mudéjar fue presidente de la Sociedad de Festeros, antes de la fundación de la comparsa, Antonio Lacueva de 1969 a 1970. Gonzalo Mora presidió la Comisión Gestora de la Sociedad de Festeros en el ínterin entre los presidentes Ricardo Montés y Roberto Coll, en 1991. También han ocupado cargos en la Junta de Gobierno de festeros Tomás Valls, Alfredo Bernabeu (especialmente en el programa), Ricardo García, Jose Revert, Vicente Bernabeu, Eduardo Gironés, Jose M. Climent, Rosendo Revert, Gonzalo Mora, y en la actualidad representa a la comparsa en festeros Francisco J. Lacueva Olcina y es vocal de cultura Fernando Lliso (también dedicado especialmente al programa de fiestas).

Siendo Mudéjares dos componentes han sido pregoneros de fiestas: Vicente Luis Montés Penadés y Antonio J. Lacueva Olcina. Vicente L. Montés fue pregonero en 1976, cuando era catedrático de Derecho Civil en la Universidad de Oviedo, y repitió en 1981, cuando era reina Mª Sari Terol, novia entonces y hoy esposa del mudéjar Jose R. Torró Sanchis. Antonio Lacueva realizó el pregón en 1979, en unas fiestas también especialmente mudéjares, ya que la reina era ese año la señorita Elemari Donat Baeza, hija de Jose Donat Donat (anteriormente fue pregonero en 1973, es decir, antes de la fundación de la comparsa). Las otras tres reinas de fiestas hijas de componentes de los mudéjares fueron: Mª Carmen Sanchis (1982), María Martínez (1986) y Mª Carmen Revert (1987). Otras muchas reinas y damas tuvieron relación directa o indirecta con la comparsa, entre ellas la hermana del mudéjar Francisco Soler Micó, Mª Rosa, que fue reina de fiestas el año del nacimiento de la comparsa, 1975.

En la actualidad la comparsa Mudéjares vive un período de expansión, siendo superiores las altas a las bajas, de bien lejos. Contamos con un local dignamente decorado, con todas las comodidades, y que posiblemente deberíamos pensar en ampliar. Afrontamos el futuro con optimismo, ya que entre las peñas o escuadras existe buen entendimiento, no hay fracturas que creen mal ambiente. Este año en que celebramos el 25 aniversario de nuestra aparición en las fiestas de moros y cristianos lo hemos hecho con una brillante Gala Mudéjar en el restaurante Casa Luis, el pasado 1 de mayo de 1999, en la que se hizo entrega de una escultura de un mudéjar, realizada por el artista Ricardo Morales, a los 11 fundadores que aún hoy permanecen en la comparsa. También se homenajeó a la Unión Artístico Musical de Adzaneta, nuestra banda casi desde el principio. Culminaremos el año de celebración con la publicación de una revista en la que se repasará pormenorizadamente nuestra historia y podremos dedicar más espacio a la anécdota y la amenidad. El mismo 1 de mayo, a las 12 h. en Santa Anta, tuvo lugar una Misa por el alma de los mudéjares fallecidos: Fernando Cambra, Vicente Bernabeu Reig, Blas Asensio, Rafael Sanchis, Jose M. Climent, Gonzalo Mora, Vicente Belda y en especial por el recientemente fallecido Vicente Soriano Cambra.

Quiero acabar este escrito con las palabras que el pregonero Vicente L. Montés pronunció en 1976, en un pregón que fue editado por la comparsa:
“He dejado para el final a los MUDEJARES, mi actual comparsa. Creo que escogieron bien el nombre. Los mudéjares fueron gente industriosa, hábiles artesanos y artífices geniales. Por ahí andan (Zaragoza, Teruel, Toledo...) muestras de su arte y de su ingenio. Vivían entre cristianos, ejercían variados oficios, industrias o artes. Fueron físicos, quirurgos, albéitares. Crearon, cómo no, muchos problemas a los cristianos, que al menos durante una época los necesitaban y respetaban. Fueron cristianos aparentes, que llevaban dentro la fantasía de las mil y una noches; místicos más que ascéticos, que se negaron a abandonar su religión y sus creencias y resistieron impávidos sermones y exorcismos. Sólo el paso del tiempo, y no siempre, les pudo convencer o convertir, más por el razonamiento que por la predicación.”

Fernando Lliso Bartual